sábado, 27 de junio de 2026

La función de sesión continua

 

“¿Quién dijo que todo está perdido?

Yo vengo a ofrecer mi corazón...”

Mercedes Sosa


Anoche, justo antes de cenar, se montó en el salón de casa un pequeño escenario improvisado con una caja de cartón vieja y dos calcetines desparejados. Mi niño pequeño, ese regalo bendito que nos cayó del cielo para revolucionarnos la vida con su cromosoma de más, se empeñó en que teníamos que hacer una obra de teatro. Pero las manos, a veces, no responden al ritmo de la ilusión, y el muñeco de trapo se le caía una y otra vez de los dedos antes de poder empezar a hablar...

Y ahí estaba yo, con el cansancio acumulado de toda la semana pesándome en los hombros, sintiendo la tentación impaciente de meter mi mano, colocar el calcetín y resolver el problema en un segundo para poder irnos a la mesa.

Pero me detuve.

Le miré los ojos, concentrados, serios, llenos de una verdad que a los adultos se nos escapa entre las prisas del reloj. Y me senté a su lado, en el suelo, simplemente a estar. A sostener la caja cuando se tambaleaba. A esperar.

¿Y entonces qué?

Pues resulta que el milagro no estaba en que el muñeco hablara bien o se mantuviera en pie a la primera. El milagro era el silencio compartido, el andamio invisible de mi mano rozando la suya, el hilo de confianza que se tejía mientras él lo intentaba de nuevo.

Acompañar no es hacer por ellos, es tener la santa paciencia de sentarse con él a esperar a que su tiempo coincida con el nuestro.

A veces, como maestros de educación especial y como padres, nos empeñamos en buscar el estreno brillante, la función perfecta con aplausos y luces de colores. Queremos ver resultados ya, programaciones cumplidas, objetivos alcanzados en un papel. Pero la realidad de nuestros niños con dis-tinta-capacidad está hecha de otra materia. Está hecha de barro, de procesos lentos, de una fragilidad que no entiende de plazos de entrega ni de evaluaciones estandarizadas.

Y es que es ahí, en medio de esa fragilidad, donde el Dios de la Promesa, se hace presente. Él no nos pide un currículum perfecto ni una representación sin fallos. Nos mira con una ternura infinita, sabedora de lo que podemos llegar a ser, mientras moldeamos nuestro propio barro, sosteniéndonos con delicadeza cuando nos caemos del escenario.

Cada niño con necesidades especiales es un espejo que nos devuelve la imagen de un Dios que no tiene prisa, que ama a la persona y su proceso por encima del resultado.

Por eso, la verdadera tarea de educar y de amar se juega en los camerinos de la vida cotidiana. En las bambalinas donde nadie nos mira, donde no hay público que aplauda el esfuerzo de aprender a abrocharse un botón, de pronunciar una palabra nueva o de aguantar la mirada un segundo más.

Este es el teatro que el ojo no ve y en el que estamos empeñados, aunque todavía no salga... porque la función, sin duda, es de sesión continua.

No nos cansemos de estar ahí, al lado de su andamiaje, celebrando la belleza de lo pequeño, el valor infinito de cada persona por el simple hecho de ser y de estar.

Gracias, de corazón, a todos los que habéis bajado a la tierra para sentarse junto a mi hijo y habéis sido testigos de su obra, sosteniendo el escenario y aplaudiendo a rabiar cada ocurrencia para que el espectáculo pudiera continuar… le habéis dado alas para ser el director, guionista y protagonista de su propia historia. Gracias por compartir la vida de mi artista. Ojalá poder compartiendo juntos nuevas funciones con él y con todos los artistas que nos regala la vida.

Un abrazo fuerte, en camino, cámara y acción.


viernes, 26 de junio de 2026

El equipaje ligero

"...y que el tiempo se detenga, 

que hoy no hay prisa por llegar, 

solo ganas de caminar..."

Alejandro Ramírez



Esta mañana, al despertar, busqué por pura inercia en la mesilla de noche el gran manojo de llaves del colegio... ese que pesa tanto en el bolsillo, que abre tantas aulas y que a veces parece que también te cierra un poco el alma. Pero ya no estaba allí. En su lugar, solo encontré un dibujo de un sol a medio colorear por Jesús y mis gafas de lectura.

Ya hace un año, pero este es mi primer verano sin ser jefe de estudios. Ya he terminado. Oficialmente, no tengo "nada que hacer"...

Y, os lo confieso con toda la honestidad del mundo, me ha entrado una especie de vértigo extraño en el estómago. Llevaba tantos años corriendo de un pasillo a otro, apagando fuegos invisibles, cuadrando horarios imposibles y respondiendo a esas frías "necesidades del centro", que ahora este silencio repentino me pesa un poco en los hombros... 

¿Y entonces qué? ¿Qué hace un maestro cuando le quitan las prisas y le devuelven su propio tiempo?

Supongo que toca desaprender el ruido.

El verdadero regalo no es tener el control de las cosas, sino la libertad de dejarse sostener por la vida.


Durante mucho tiempo, quizás sin darme cuenta, me creí que ser útil consistía en estar en medio de la tormenta, gestionando papeles, firmando partes, resolviendo conflictos. Pero hoy, mirando este café que se enfría despacio sin que nadie me reclame, descubro que el verdadero tesoro se esconde en lo pequeño. En esa hermosa fragilidad del que ya no tiene un cargo que sostener en su tarjeta de visita, sino solo su propio ser que ofrecer al mundo.

Y es que a veces nos olvidamos de lo esencial...

Nos creemos que la educación se gestiona desde los despachos, con planes de centro impecables y reuniones eternas. Pero la realidad es mucho más sencilla y, a la vez, mucho más sagrada. Al final del camino, estoy seguro de que no nos van a pedir cuentas del número de actas que redactamos o de las circulares que enviamos a las familias.

Él, que nos conoce desde antes de nacer y nos sostiene en sus manos amorosas, nos preguntará otra cosa. Nos preguntará cuánto amor pusimos en cada encuentro, cuánta ternura derramamos sobre esos niños que a veces solo necesitaban que alguien los mirara de verdad, sin etiquetas ni juicios.

Los cargos y los despachos se quedan en el colegio, pero las personas nos las llevamos grabadas a fuego en el alma.

Este verano vuelvo a ser simplemente Fran. Un maestro en camino que regresó a su aula de educación especial con los ojos abiertos y el corazón limpio. Un padre que quiere jugar al lobo con sus hijos en el salón, sin mirar de reojo el reloj, y que quiere dar gracias por la constancia silenciosa de su mujer, que siempre sabe ver en mí mucho más de lo que realmente soy.

Nuestra única y verdadera vocación en esta tierra es dar vida, así, sin condiciones, desde la humildad del que todavía está aprendiendo a vivir.

Toca parar. Disfrutar del paseo y de los días lentos.

Un abrazo inmenso, de los que curan el alma.

Sean felices.

                                        


miércoles, 24 de junio de 2026

Los equilibristas

“Pues paso la vida soñando,

sabiendo que todo se puede…”

Los Astlántidos


Hoy, al terminar la tarde, me he quedado un rato observando a un niño que salía de su colegio. Intentaba caminar haciendo equilibrio sobre el estrecho bordillo de la acera, con la mochila tambaleándose a su espalda y ese boletín de notas arrugado en la mano... Me dolió el alma al verle la carita de cansancio, esa mirada desinflada que busca una aprobación que hoy el papel le niega.

Y, de repente, me ha venido a la mente la letra de Los Aslándticos que tantas veces canto cuando yo mismo me siento desbordado: «soy como un equilibrista haciendo lo imposible para no caer... andando por la cuerda floja sin mirar atrás».

¿Y entonces qué hacemos?

A veces siento que nuestra escuela se ha convertido en un circo de exigencias donde pedimos saltos mortales sin poner una red debajo. Hablo como un maestro que todavía está en camino, alguien que se equivoca a diario y que no tiene todas las respuestas. No sé si me explico... pero me duele profundamente ver cómo medimos las capacidades de nuestros niños con una regla que solo sirve para uniformar, nunca para amar.

Y es que cercenamos la autoestima de nuestros niños cuando pretendemos que todos caminen por la misma cuerda a la misma velocidad.

Nos empeñamos en clasificar, en etiquetar, en nivelar... como si el alma de una persona pudiera encajonarse en un estándar frío. Decimos que un chaval «no da el nivel», con una naturalidad que a mí, de verdad, me asusta. Pero, ¿quién decide dónde está el nivel del corazón? ¿Y las pequeñas batallas invisibles de cada día?

Ese pequeño logro de Hugo, que hoy por fin ha conseguido mantener la calma durante una clase entera, o que ayer ayudó a su compañero a recoger los lápices... ¿eso no puntúa? ¿Eso no sirve para pasar de curso?

Ningún progreso es insignificante cuando lo que está en juego es el valor que un niño se da a sí mismo.

Para mí, cada uno de ellos es un trozo de barro precioso, modelado con mimo pero lleno de grietas por donde precisamente entra la luz. Es ahí donde ocurre el verdadero encuentro, en la fragilidad compartida, lejos de los tecnicismos y las rúbricas perfectas. No somos expertos infalibles; somos, sencillamente, artesanos de la ternura y la vocación. Si queremos.

Porque estoy convencido de que las personas no se pueden nivelar, porque la vida no es un examen que se aprueba, sino un camino donde aprender a hacerse persona.

Aquí es donde siento el susurro del Dios de la Vida, de ese Papá Dios que nos mira con una inmensa compasión. Él no nos pide cuentas de resultados académicos, sino de amor, de esfuerzo y de entrega. Nos quiere con nuestras torpezas, con nuestros suspensos cotidianos. Él no nivela desde arriba; Él se abaja, abraza nuestro barro y lo llena de esperanza. Para Él el tiempo es infinito y es ahora, a la vez.

Ojalá aprendamos a mirar más allá de la tinta roja de una calificación. Ojalá entendamos de una vez que detrás de cada suspenso no hay un número frío, hay una historia sagrada que grita por ser escuchada con ternura. Y que el suspenso me delata a mí, que no conseguí mostrale el camino, engancharlo, darle la confianza para avanzar… o, en algunos casos, valorar lo que sí había logrado porque me pudo la evidencia del error en lugar de la certeza de que algo aprendió tras el fallo.

Gracias a los profes y las profes, a las seños y los seños, a las maestras y maestros que no se dejan engañar por la “¿evidencia?” y transforman el error en aprendizaje, el aprendizaje en motor de transformación, porque son equilibristas que llevan a cuestas a sus alumnos para llegar al otro lado sin dejarlos caer. 

¡Un abrazo fuerte y que la paz os acompañe siempre!


sábado, 2 de diciembre de 2023

El docente

¿Qué mas quieres que alumbrar?
¿Qué más quieres que dar vida?
¿Qué más quieres que crear algo 
que en ti está como semilla?

Brotes de Olivo


Anoche soñé que estaba hablando a una clase sobre el aprendizaje y sobre los tipos de profesores que tenemos (en España y supongo que fuera también). Recuerdo que en un momento me encendí y solté un taco delante de los alumnos y mi director que estaba detrás de mí me decía "Francisco!?" con tono de "ten cuidado, no todo vale". Pero de pronto los alumnos se empezaron a interesar por la conversación, colocándose mejor en sus asistentes, más erguidos y apoyados en sus respaldos.

Escribí en la pizarra de mis sueños la palabra "Esdrújula" y les empecé a contar que hay distintos tipos de profesores.

Están los que no te dicen dónde va el acento ni las reglas de acentuación porque os dicen que ya sois capaces de averiguarlo.
Los que escriben la palabra y tú debes copiar exactamente lo que han escrito. Los hay incluso que te cogen la mano y te guían el trazo.
Hay los que da igual cómo escribas la palabra que ellos "nunca" la verán perfecta, te pueden llegar a decir que la tilde no se ve, que has tardado mucho, que esa letra tienes que mejorarla...
Los hay que piensan que los alumnos se lo tienen que pasar bien y que es lo único que importa, y cantan, bailan, se disfrazan para que te fijes en la palabra que tienes que aprender.
Los hay que les da igual lo que escribas, literalmente, no es su asunto.
Los hay también de los que todo les vale. Da igual lo que hayas hecho que es buenísimo tal como lo hayas hecho.
Los hay que te dicen bien y mal según cómo esté tu palabra, y de estos a los que puntúan todo lo que haces hay un paso, todo son notas. 
Los hay que se desquician con cada error como si fuera falta suya y los hay que hacen saber al alumnado que es falta de ellos, falta de responsabilidad, de atención, de esfuerzo, o incluso de la familia en que ha nacido.
Los hay con muchos años de experiencia y los hay con pocos años, pero ambos centrados en enseñar todo lo que saben, te explican el acento, la tilde, el tipo de palabra, la caligrafía, la direccionalidad...
Todos ellos son profesores, y cada uno de ellos hace bien a algunos tipos de alumnos, porque somos diferentes, y las puertas de acceso al aprendizaje son diversas. 

Pero en la escuela necesitamos Maestros y Maestras.  Docentes con maestría. "Y tú ¿quién dirías que son?" Son aquellos y aquellas que abren la puerta para que todos los alumnos puedan aprender más. "Y eso ¿Cómo se hace?"... Preguntando. 

Al alumno que no colocó bien su tilde en la palabra Esdrújula o tuvo errores ortográficos: ¿Lo has comprobado?¿Qué tipo de palabra es?¿Dónde lleva la tilde una palabra esdrújula?¿Dónde podrías buscar la respuesta correcta?¿Lo has comparado con algún compañero?..

Y al que trae la respuesta correcta: ¿Cómo sabes que está bien escrito?¿Por qué has puesto la tilde en ese lugar?¿Qué pasa palabras conoces que le ocurre lo mismo?¿Cómo explicarías lo que has hecho?¿Qué has aprendido hoy?

Ambos tipos de alumnos salen de este encuentro con sus maestros motivados, sabiendo qué deben hacer, cómo y las herramientas necesarias y con un modelo de ser humano, su maestro, su maestra. No vale solo hacer preguntas, el cómo se hacen es igual de importante. El amor es fundamental en el acto de educar. Las preguntas surgen del cariño y de las expectativas de éxito que los maestros tienen depositadas en sus alumnos. 

Porque eso hacen los docentes con Maestría, invitan a volar, a crecer, a ser hoy un poco mejor que ayer, a saber algo más y a saber utilizarlo, a ser competente, a creer en sus posibilidades, a ser mejor persona cada día y a ser mejor grupo de alumnos cada día, más integrado, más unido, comprendiendo y aceptando las diferencias como una oportunidad para construirse y construirnos... 

Y la Maestría Suma sería cuando están en constante formación y aprendizaje, y además hacen mejores a sus compañeros trabajando en equipo, humildemente, como con los alumnos, compartiendo estilos, ideas, aciertos y errores, dificultades, pero sobre todo logros y además celebran cada día su vocación y el aprendizaje de sus alumnos. Estos son esenciales.




lunes, 20 de noviembre de 2023

Saint Jean D'Illac

 Hoy puede ser un gran día...

J. M. Serrat

Es la melodía que me ha venido a la cabeza, hoy puede ser un gran día, quizá las haya mejores para ser escuchadas mientras escribo estas letras sobre mi estancia en el Collège de l'Estey, en Saint Jean D´Illac, pero es la que me resuena después de la experiencia. 

Es mi primer Job Shadowing con el proyecto Eramus+ del cole y ha llegado en una época poco oportuna, en el colegio estamos liados con programaciones, plan de centro, celebraciones del aprendizaje... y a nivel personal, la sobre carga de actividades de familia y de apostolado en la parroquia... 

Para más colmo, no empezó de la mejor manera posible, retraso de vuelos, malas decisiones con el alojamiento, accidente de tráfico incluido... que nos complicó el esquema de viaje y las posibilidades para recabar la información que queríamos llevar de vuelta a Málaga, para el colegio y para las familias.

Pero ahí está, como si de una película de Astérix se tratara, en una pequeña aldea de la Galia... existe un colegio que ha acogido a nuestros alumnos con gran cariño y amabilidad. Un colegio prácticamente en mitad de la nada, rodeado de árboles y tierras, a donde llegan los alumnos cada mañana montados en sus bicis y equipados para hacer frente a las intermitentes lluvias. Un centro donde los cambios de clase se producen al ritmo de las primeras notas del "Under Pressure" de Queen. Un lugar donde los tres recreos (dos cortos y uno más largo) permiten la relación entre los alumnos y el compartir de los profes.

Nada más llegar nos llama profundamente la atención el silencio y ambiente de trabajo que se respira en el centro, así como la cercanía y cordialidad del equipo directivo y del equipo docente. En más detalle, uno se da cuenta, además, de que entre ellos hay una gran unión, no solo van a una, hasta parece que estén sincronizados. En todas las clases que visité encontré, objetivos claros de aprendizaje y referencias a las competencias que estaban trabajando, agilidad y dinamismo, muchas preguntas para profundizar y para que los alumnos puedan mostrar sus aprendizajes o el descubrimiento de sus errores como esenciales para seguir aprendiendo. 

Exigencia en el comportamiento esperado y exigencia en las producciones de los alumnos, lo mismo el profesor de lengua como el de matemáticas hacían referencias al uso de las mayúsculas o las tildes en los ejercicios, fundamentales en la lengua francesa. Exigencia entendida como acompañamiento, como cuestionamiento, nunca como imposición y mucho menos infravaloración de la tarea realizada por los alumnos. Exigencia como empuje hacia el éxito. 

En las clases también encontré mucho de pensamiento reflexivo y mucho de evaluación formativa. Lo importante no es el resultado sino la comprensión del proceso para llegar a él y que los alumnos sean capaces de explicar y argumentar cada paso del mismo.

Al llegar preguntamos por los alumnos con necesidades educativas, que cómo trabajaban con ellos... ¿? y parecían no entender. Y tras su respuesta, los que parecía que no entendíamos éramos nosotros. "No hay", o "hay pocos", o "¿A qué os referís exactamente?" o simplemente...  es como si no hubiera un censo que los contabilice. Es más como si el equipo médico determinase las necesidades que pudiera tener un alumno y desde el centro los profesores ajustasen la propuesta educativa para que todos puedan avanzar. Así de simple. Cada profesor es responsable de esa adecuación. Sin más. Después en la clase vi que era así, por ejemplo, con nuestros alumnos, que me decían que los profesores hacían esfuerzos por entenderlos y por facilitarles que pudieran comprender y hacer las tareas. En una de las clases, una profesora había traducido al español los enunciados de la evaluación que había preparado, en otra se acercaban a comprobar que nuestros alumnos hubieran entendido la explicación, en otra se facilitaba el material en diferentes formatos... 

Tengo que reconocer que eché en falta algo de aprendizaje cooperativo entre los alumnos, no digo que no estuviera, los alumnos se acompañaban unos a otros, pero si llega a ser más explícito... ya sería perfecto.

Haciendo mías las palabras de Silvio Rodríguez de "El breve espacio", la escuela que he visitado "no es perfecta más se acerca a lo que yo simplemente soñé".


jueves, 22 de junio de 2023

Breve Editorial...

Hace unos días los alumnos de 6º me pidieron que escribiera una pequeña editorial para la revista que estaban montado. Comparto con vosotros el resultado. Espero que os guste. Para mí ha sido un regalo pararme a pensar en ellos y poder poner por escrito algunas de las ideas que me vienen al verlos.


Editorial Revista Obispo San Patricio

“Dame tu presente, tu futuro incierto

Que el mundo nos recuerde por soñar despiertos

Que navegues siempre hacia mar abierto

Y si alguna vez te pierdes solo mira dentro”

Maldita Nerea


Se acaba un curso y para muchos de vosotros una etapa, primaria. Ahora vienen nuevos retos y nuevas experiencias que ayudarán a seguir construyéndose como personas íntegras.


No tengáis miedo, estáis más que preparados para avanzar con excelencia, siempre y cuando no os dejéis llevar por el aplauso fácil, la risa del amigo tóxico y los líos mentales que a veces no sacan lo mejor de nosotros. Vosotros en cambio rodeaos de personas que brillen y os hagan brillar. Tenéis luz propia, la que os viene de Dios. Atreveos a brillar, desde la humildad y, especialmente, haced brillar a cuantos comparten la vida con vosotros. Buscad compañeros que os hagan mejores personas.


Aprended, descubrid, investigad, no os conforméis… apuntad siempre a lo más alto. Habéis nacido para volar, no para reptar y sobrevivir. Y sobre todo… amad. Amad comprendiendo, amad respetando, amad escuchando, amad hablando… amad en todo lo que hagáis. El amor es lo que marca la diferencia. Es el sello de los bien nacidos y bien hallados.


Y también soñad y soñad y soñad… pero no os quedéis ahí, como escuchaba hace poco, los sueños hay que trabajarlos. Que el Espíritu Santo venga sobre vosotros y os pille trabajando en esos sueños. Lo mejor a veces se hace de rogar, pero no vale rendirse. La cima se alcanza subiendo… pero hay otras cimas que se alcanzan compartiendo el camino con los que no pueden andar.


Recordad que sois más que una nota. Una calificación nunca podrá recoger todo lo que sois, lo que habéis aprendido o lo que habéis podido crecer… y sobre todo, nunca podrá expresar todo lo que podéis llegar a ser. 


El mundo necesita personas que lo reconstruyan, que lo reescriban, que lo remodelen, que lo recreen, que lo repoblen, que lo “repacifiquen”, que lo rememoren y lo hagan memorable y justo. Hay infinidad de mejoras que están por llegar a nuestro planeta, a nuestras vidas, y muchas de ellas empiezan a estar en vuestras manos. 


Da igual el curso en el que estés, el momento de tu vida o las circunstancias, estamos llamados a coger el testigo cuando nos llega. Podemos aceptar el reto o podemos dejarlo pasar de largo. Si eres de estos últimos que prefieren no implicarse, estás en tu derecho, incluso te podrás hasta beneficiar de lo que otros hagan, pero probablemente llegará un día en que mires atrás y pienses que tu vida no ha tenido sentido. Si eres de los que están dispuestos a luchar, a comprometerse, a aceptar el reto de dejar este mundo mejor que lo encontraste, probablemente vengan muchos sinsabores y dificultades, incluso habrá quien os anime a abandonar… pero estoy convencido de que al final de vuestras vidas, podréis mirar atrás con la satisfacción de haberlo dado todo y con la certeza de que Dios os habrá correspondido al ciento por uno… Y si alguna vez te pierdes… mira adentro.


Vuestro profe y jefe de estudios que os quiere.

Franfranete

sábado, 20 de mayo de 2023

Ángeles Extraordinarios

 No somos ángeles
no nos caímos del cielo
La gente que busca el amor verdadero
Laura Paussini

Hoy traigo un dos por uno. Llevo casi un año sin escribir nada y sin embargo ha sido un año repleto de vivencias transformadoras. Ha sido un año de travesía por el desierto de la interioridad mientras me daba la sensación de que deambulaba por el mundo real. Este año no he sido todo lo buen líder que me hubiera gustado ser y sin embargo la vida me ha regalado ángeles que han compartido conmigo sus victorias como si fueran nuestras cuando Dios sabe que han sido ellos los que se han entregado en cuerpo y alma para alcanzarlas.

Decía que traigo un dos por uno, porque es un agradecimiento a mis ángeles que me rodean por arriba y por abajo. 

Mis Ángeles, con mayúscula, porque tienen nombre y son de carne y hueso, no se han caído del cielo... Pero tienen alas. Cuidan, protegen, enseñan, acompañan, emocionan... y comparten humildemente cientos de detalles cada día. Los hay que me llegan a la cintura y los que me sacan una cabeza. Los hay que ni siquiera saben que son Ángeles para mí, con sus caritas sonrientes llegando a clase. Muchos de ellos hacen equipo, han descubierto que así llegan más lejos, juntos o juntas. Pero también los hay que son más independientes y prefieren ir un poco más rápido, más por libre, estos corren el riesgo de olvidar que no están solos. Porque no están solos, cada uno mis Ángeles está atento a los demás, a los mayores y especialmente a los pequeños, siempre a los más pequeños. Y es que son capaces de dejarlo todo por cada uno de ellos. Por los de dentro y los de fuera, los de cole y los de casa, y hasta los de la calle. 

Sonríen, abrazan y dan los buenos días de verdad, te buscan con la mirada y si te encuentran saben que todo va bien. 

No importa la carga que llevan, vuelan y nos hacen volar, pero sobre todo hacen volar quienes tienen cerca, a sus familias, a sus alumnos y a sus compañeros, porque creen en ellos, ven a veces más allá de la realidad y muestran ese otro mundo posible a cada paso, a cada decisión que toman, a cada clase que dan.

Muestran con orgullo los logros de sus alumnos porque saben que es reforzando lo positivo que se crece más y mejor, y dejan el castigar y regañar para otro momento porque son Ángeles, Ángeles que transforman dando ejemplo y haciendo reflexionar.

La ley que llevan grabada a fuego en el corazón es "que no se pierda ninguno" y se lo repiten cada jornada. ¡Padre, que no se pierda ninguno! Pero no son infalibles. Ojalá. Pero no. Y son los primeros que sufren cuando no llegan a tiempo o simplemente no dieron con la tecla. Son tantos a los que atienden que hay veces que parecen legión, pero no son más que Ángeles viviendo su sueño en la tierra que a ratos choca con una realidad contra la que no se cansan de luchar porque tienen esperanza... y confianza en que el que los escogió no los dejará solos.

Y estaba preparando un curso para jefes de estudio sobre el liderazgo, cuando me reencontré con una canción de Maldita Nerea, Extraordinario. Y pensé "esta canción pone todo lo que tiene que ser un jefe de estudios" (Ve muy claro a donde va...), y me fijé mejor y me dije "está hablando de mi director" (Capitán general de los sueños que no se detienen, hace lo que dice, es un ser diferente y especial...) y doy las gracias a Dios por ponerlo ahí. Y entonces me doy cuenta de que para nosotros hay Alguien aún más Extraordinario. El que pensó en nosotros con nuestras incapacidades, el que nos eligió y nos acompaña desde mucho antes de nacer, el que está por encima de nosotros, para el que no hay error posible si Él está cerca, al que tenemos la suerte de haber podido encontrar un día en nuestra vida porque así lo quiso. Ese que ahora somos capaces de ver especialmente en los más capaces del mundo, en los que con su amor lo hacen todo nuevo y algunos hemos tenido la suerte de haberlos acogido en casa. Son esos otros Ángeles que transforman nuestra vida.

Todo esto no es más que para dar gracias. Va por ellos, por aquellos con los que comparto ilusiones, esperanzas, penas, dificultades, vocación, reflexiones, aprendizajes, caídas y nuevos comienzos...  y a los que muchas veces se me olvida decirles lo maravillosos que son, lo maravillosas que son.

Envía a tus Ángeles, cuando nos falten las fuerzas, cuando creamos que no podemos más, cuando pensemos que ya no hay nada que hacer... Padre, envía a tus Ángeles.

Un Charlie más.